Renovar sale más barato que mantener

He comentado más de una vez que las obras para mejorar el comportamiento energético de los edificios constituyen siempre una inversión recuperable, gracias a la reducción en el consumo eléctrico que se consigue con ellas. Pero si además pensamos en este tipo de intervenciones cuando el edificio demanda trabajos de reparación o mantenimiento, la inversión se vuelve doblemente inteligente.

Últimamente he visto varios edificios de mi entorno en los que se están llevando a cabo trabajos de mantenimiento de fachadas. Edificios de más de 40 años de antigüedad (y que, por tanto, son presumiblemente edificios que no disponen de aislamiento térmico en sus cerramientos) rehabilitando estéticamente las fachadas mediante los habituales trabajos de lijado, reparación de fisuras y pintado.

Si en esos edificios, en lugar de haberse elegido estos trabajos de “chapa y pintura” (que suponen un desembolso económico nada despreciable) se hubiera optado por incorporar un SATE, por ejemplo, además de la mejora del acabado estético se conseguiría unas fachadas mucho más aislantes y eficientes.

Sí, ya sé que el precio de renovar térmicamente la fachada es muy superior al del lavado de cara, pero la primera es una inversión recuperable (subvencionable, por cierto), mientras que la segunda es un gasto a fondo perdido.

Es como cuando tenemos una impresora antigua, y seguimos comprando los mismos cartuchos que cuestan igual de caros que una impresora nueva y de mejor tecnología.

Pues como el ejemplo de la fachada, hay varios tipos de inversión que merece la pena pararse a considerar para mejorar nuestro edificio antes de seguir gastando dinero de por vida en las mismas labores de mantenimiento o reparación. Estas intervenciones que suponen una inversión recuperable son aquellas relacionadas con:

  • Reducir la exigencia energética por parte del edificio. Lo que se consigue fundamentalmente mejorando el aislamiento térmico del edificio para reducir la necesidad de climatización.
    Si por ejemplo nos encontramos con unos problemas de filtración de agua en la cubierta que requieren obras, puede ser un buen momento para plantearse la opción de incorporar aislamiento a la cubierta o incluso sustituirla por un tipo de cubierta más eficiente, como una cubierta ajardinada.
    También sería posible reducir las necesidad de iluminación eléctrica, incorporando ventanas o lucernarios que aporten luz natural al edificio.
  • Sustituir los sistemas antiguos por otros más eficientes, que permitan una reducción de consumo. Como por ejemplo, sustituir la iluminación de zonas comunes por luminarias de LED o sustituir la antigua caldera por otra más eficiente.
  • Incorporar fuentes de energía renovables. Puede reducirse la factura eléctrica considerablemente incorporando paneles solares para calentar el agua, o incluso generar parte de la energía que el edificio necesita mediante instalaciones fotovoltaicas o aerogeneradores. Una aplicación especialmente interesante puede ser la mejora de la impermeabilización de una cubierta mediante la instalación  de membranas impermeabilizantes con células fotovoltaicas.
  • Sustituir elementos antiguos por otros que requieran un menor mantenimiento. 

Claro que con esto no quiero decir que no se deban mantener los edificios. Al contrario, un adecuado mantenimiento es el primer paso para prolongar la vida útil del edificio. Pero llegados a cierto punto, puede ser interesante ir más allá y pensar en invertir en mejoras que, además, revalorizarán nuestro edificio.

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